Acceso a Internet o la nueva Campaña de Alfabetización

(22 de diciembre de 1961)
Hacía un año, Cuba tenía un veinte por ciento de analfabetismo. La situación en el campo era más grave: de la población rural solo el cincuenta y tres por ciento de la gente sabía escribir. Ahora, cumpliendo el alarde que había hecho ante Naciones Unidas, Fidel Castro declaraba a Cuba primer territorio libre de analfabetismo de América. Lo hizo con total rimbombancia y énfasis, pero la ocasión lo ameritaba.

El país estaba en bancarrota. La mayoría de la gente que tenía dinero, se lo llevó, otros muchos que no se suponía que tenían, se robaron el del erario público y también se lo llevaron. Mucha gente inteligente y preparada se fue también. Aun así, la enseñanza se declaró pública y gratuita, sin más opciones, para todos los ciudadanos cubanos. Mi abuelo me contó, que se podía comprar El Quijote por un peso cubano.

Los libros de historia hablan de proezas, pero los libros de historia, ya se sabe, no son más que las consignas de cada época organizadas cronológicamente.

La pregunta que me hago a cada rato es cómo lo hicieron. ¿Cuánto costó? ¿De dónde sacó el dinero una ex república bananera de bancos saqueados? ¿Qué murumacas económicas fueron necesarias? Y después, cómo se llenó el país de escuelas, de becas en el campo para millones de estudiantes, comida todos los días, uniformes, libros… Esto no es una apología, es una interrogante real ¿Cómo se pudo costear todo eso?

Tal vez se dejaron de construir muchas obras de interés económico, pero la Historia se hizo, sucedió la singularidad que es Cuba. Cuba aún se sostiene, fundamentalmente, de una estrategia de país para garantizar el acceso masivo a la educación, la cultura y el conocimiento. En Cuba no hay nada, solo gente que sabe mucho.

(Hoy)
Este país vive, casi exclusivamente, del conocimiento que exporta, por ende, sigue sin resolverse una de las matrices del subdesarrollo: la monoexportación. Tenemos la gente que sabe, pero no tenemos lo que necesitan para poner ese conocimiento en función del desarrollo nacional. Y eso es, en buena medida, porque el siglo XXI requiere de una interacción constante del ciudadano con las fuentes de información, que en Cuba es casi nula y se llama Internet.

Las dinámicas actuales hacen que cada persona sea un trabajador intelectual que necesita estar comunicado, accesible, conectado. No hay desarrollo real sin conocimiento, y hoy no hay sociedad del conocimiento sin Internet. Cuba es un país que sigue caminando a la misma velocidad que hace treinta años, pero ya no se puede perder una semana en una biblioteca, ni quince días en un trámite bancario.

Es cierto que, en los últimos años, en materia de informatización, se han dado pasos, aunque descalzos y de puntillas. Habrá quien ponga las limitaciones tecnológicas y económicas para brindar un servicio masivo y barato, pero, aun así, hay cosas que no entiendo.

No entiendo por qué un ciudadano extranjero puede comprar el servicio de Internet en su casa y un cubano no (pruebas piloto aparte, pornósticos de precios dantescosa aparte también) y tampoco entiendo que la forma en que se accede públicamente: una hora de conexión, parado en el medio de la calle, cuesta el equivalente a tres jornadas laborales del salario mínimo. Sumado a esto, no veo que haya Internet gratuito en las escuelas o en las bibliotecas.

Habrá quien diga, como los hay muchos ahora, que hay que ser racionales, que no alcanza, que se hará paulatinamente, que algún día será barato, que con lo que se ingrese por aquí o por allá se irá cumpliendo algún plan que entre sus puntos incluye la informatización de la sociedad cubana.

Y uno no es idiota, uno puede intentar entender, pero uno también echa mano de su historia y no se imagina a Fidel Castro el 22 de diciembre de 1961 pidiendo disculpas al pueblo en la Plaza de la Revolución porque, de momento, las escuelas y los libros serán solo para los que tengan dinero y que, en algunos años, si la economía lo permite, paulatinamente los hijos de los campesinos y los obreros podrán dejar de ser analfabetos.

Yo no soy economista, hay cosas que se escapan a mi comprensión, pero yo comprendo que el acceso universal y gratuito a la cultura y el conocimiento es un pilar del sistema cubano, tal vez el más importante. La cultura y el conocimiento de la actualidad es Internet.

Yo no sé cómo se logre llevarlo a todos, pero sí sé que su acceso no puede estar mediado por cuestiones económicas. La llevada y traída eficiencia no se puede lograr a costa de comprometer aquello mismo que nos trajo hasta aquí.

Ya aprendimos a vivir con la idea de que hay cosas que son un lujo. Ya entendimos que en Cuba hay clases, ya nos resignamos a que hay cosas en este país que son para quienes tienen dinero, pero el acceso a la educación, la cultura y el conocimiento no puede estar en esa lista. Cobrar el acceso a Internet al precio que se hace, no solo impide que colapsen las magras redes nacionales, sino que puede poner en tela de juicio determinadas verdades que considerábamos universales.

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