Travesía

No hay nadie más soLU 1lo que alguien que viaja solo. El viajero puede tener un millón de amigos, una casa llena de hijos, sus abuelos vivos (el primer golpe que nos da la soledad es la muerte de los abuelos), una esposa que lo ama, pero durante el viaje, está completamente solo.

En medio del trayecto, se va de una compañía a otra, o de la soledad a la compañía, pero no hay manera de estar acompañado durante el viaje. Incluso en una travesía de esas en las que da tiempo a conocer al pasajero del próximo asiento, todo es una farsa: ¿cuántas personas se habrán conocido en un tren y siguieron siendo amigos para toda la vida?

La compañía de los viajes es como la felicidad de las borracheras.

Incluso en esos casos raros en el que el paisaje más allá de la ventanilla hace que valga la pena, solo nos trae la nostalgia de aquello que se nos muestra magnífico, pero inasible; como en esos momentos de la vida en que pasan, una tras otra, sin quedarse más que unos segundos, la inteligente, la linda, la divertida…

Muchos piensan que la existencia es un viaje muy largo. Cosas horribles he leído sobre la sucesión de paradas, y de pasajeros que se bajan y se suben. Pero no es así.

Vivir se trata de comenzar un viaje tras otro con escalas más o menos prolongadas entre uno y otro: el viaje hacia esa mujer, hacia ese lugar, hacia ese trabajo…

Lo más jodido de todo es que tienes que montarte otra vez al tren sabiendo lo tedioso del proceso. Se te acaba el tiempo en la estación y abordas a regañadientes porque no tienes ganas de pasar de nuevo por los asientos incómodos, los pasillos estrechos, la comida espantosa, los paisajes efímeros y la gente, tanta, tanta gente prescindible que se sienta a tu lado a conversar sin aportar nada. Los peores son los eternos pasajeros, que han sido embriagados por el traqueteo de las ruedas y no tienen el valor de decir “a la mierda todo, me bajo aquí”.

Así gastan su tiempo los valientes. Iniciando una y otra vez la travesía. La trampa está en que nunca se sabe cuándo se llega a la próxima parada, la esperanza está en que la Muerte nos sorprenda fuera del tren.

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