La diplomacia del falo

IMG_5980CTodavía hay quienes creen que el buen sexo, el sexo espectacular, el sexo caníbal, el sexo barbárico, o cualquier otra disciplina de sexo atlético es suficiente para que una persona se quede a su lado como un perro faldero.

Es fácil caer en esa trampa. Es decir, uno escucha a tantas amigas quejarse de sus periódicas decepciones carnales que cuando una extraña le dice que es bueno en la cama o que la tiene grande, comete la equivocación de asumir que ya la ha amarrado para siempre.

Luego viene el cubo de agua fría: “eres divertido y el sexo es genial, pero no eres boyfriend material“. Entonces se te queda la cara de idiota porque, aceptémoslo, por muy machos que seamos, a nadie le gusta que le digan que su papel en el mundo se reduce ÚNICAMENTE al de un consolador que se recarga solo.

Funciona así: si bien todavía los hombres no nos podemos quejar de que somos dominados con fuerza bruta por las mujeres, tampoco los machistas pueden ir vanagloriándose por ahí de ejercer la dominación absoluta e incuestionable del varón.

Sin embargo, nos seguimos encontrando frase como “la tengo loca” o “soy el tipo”; y puede que estén en lo cierto, pero si creen que es por el sexo y que eso, además, es sostenible, cometen una equivocación más grande que… bueno, muy grande.

¿Grita? ¿Te abraza después del orgasmo y se queda dormida? ¿Está mojada antes de quitarse la ropa? ¿Te dice que eres el mejor amante de su vida? ¡Gran cosa! Suponiendo que todo eso sea verdad, si crees que por eso la clavaste a tu colchón, padeces una miopía emocional digna de risa o lástima.

Mejor pregúntate si le ha hablado de ti a sus amigas, si te ha dado otro número que no sea el del celular, si te ha besado en público, si te ha contado cómo le fue en el trabajo.

A estas alturas del campeonato, todavía hay tipos que piensan que tener sexo es un mecanismo de validación masculina, sobre todo si la encamada se queda ronca de gritar placenteras palabrotas o, simplemente, de gritar.

Lo más patético de todo es que hay quienes blanden su falo como si fuera un tridente con el que se reinan los siete mares y creen que en esta o aquella posición dominan. Amigos, les digo que esto es puramente falso.

Pongamos, por ejemplo, que estás de pie, recibiendo la felación de tu vida: le metes la mano en el pelo, te crees que marcas el ritmo, desde tu altura la percibes dominada, crees que estás en total control… crees mal. Ella tiene aquello que te define agarrado con las manos y entre treinta y dos pequeñas guillotinas dispuestas a cerrarse en caso de abuso de poder. Por otra parte ¿le has dado una buena mamada a alguna mujer? ¿cómo te sentiste? ¿vulnerable? No, te sentiste en control, porque en el sexo oral manda quién lo ofrece, no quien lo recibe. Por eso la gente lo hace, no por placer, sino por el poder que otorga dar placer al otro sin recibir uno similar y porque es la parte del sexo que más habilidades aprendidas requiere.

Claro, hay otras posturas en que el papel se invierte. En cuatro, digamos, los hombres no sentimos más dominantes que nunca, esa es la posición en que tienen coito los caballos, y los leones, y los rinocerontes. Pero ni siquiera ahí la dominación está segura.

Imagínate que llevas ya varios minutos de ese modo. A ella ya no le quedan vértebras para arquear ni almohadas para morder, pero en un instante te lo derrumba todo cuando gira la cabeza, te mira por encima del hombro y sonríe… ¡sonríe! ¡Como si el poder del rabo fuera una cosa de risa! Caes entonces en la noción de que ni la estabas matando, ni estabas haciendo uso de un don divino. Ella, simplemente, estaba gozando, probablemente más que tú.

Así que cuando creas que ya con el sexo lo tienes todo resuelto, piensa de nuevo. Si quieres atarla a la pata de tu cama, esfuérzate, brother.

Si le gustan los libros, las caminatas, las largas conversaciones, que le hagan fotos, que le escriban o el café, mejor será que estés dispuesto a darle todo eso.

Ah, y muy importante. Si le diste el café en la mañana, te pasaste el día caminado con ella y parando en los parques para leerle un pasaje de su autor preferido; si luego usaste la tarde en escribirle un cuento o haciéndole fotos y estás cansado en la noche, mejor será que estés listo para el sexo atlético y agotador porque aunque ya habíamos establecido que el sexo no es un arma de dominación, sí sigue siendo una buena estrategia diplomática.

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15 respuestas a La diplomacia del falo

  1. Mar dijo:

    treinta y dos pequeñas guillotinas… jijijiji

  2. Alliet dijo:

    bufffffff que bueno esta esto

  3. Asere, qué pinga filosófica te está afectando?

  4. Supremo! “From brother to brother”

  5. nosotras dijo:

    ¿solo te interesa “clavarla a tu colchón” o “atarla a la pata de tu cama”?¿Todo es cuestión de sexo?O sea, las caminatas y las lecturas y las largas conversaciones son solo falacias que te agencian felaciones…..conmovedor

    • arielmn87 dijo:

      “clavarla a tu colchón” podría haber sido, “clavarla a tu vida”, pero bueno, no me me ocurrió en el momento. Tal vez llevas razón, o tal vez estás haciendo decodificación aberrante

      • arielmaceoa dijo:

        Tocayo excelente artículo!, si lo que te pasó por la cabeza fue “clavarla a tu colchón”, que así sea, no es necesario que te expliques, aunque eso para ellas también sea dominante.

  6. musi dijo:

    ¿solo te interesa “clavarla a tu colchón” o “atarla a la pata de tu cama”?¿Todo es cuestión de sexo?O sea, las caminatas y las lecturas y las largas conversaciones son solo falacias que te agencian felaciones…..conmovedor

  7. Harold dijo:

    Está genial, caballo

  8. B dijo:

    !!!!!! Cómo me leo el de Bob Marley después de esto???????

  9. Cecy dijo:

    esta super genial.y q te siga afectando la p…..a filosófica como dice Javier

  10. yoslainegalano dijo:

    Interesante tu analisis, es dificil a veces encontrar esa opinion desde el punto de vista masculino, disculpa si te sueno feminista; claro esta, dificil; pero no imposible, tu pasaste con ese escrito al menos el umbral, el analisis sobre el tema suele ser mucho mas complejo a mi entender.

  11. Pingback: La diplomacia del Falo « Magazine Cuba

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