Jordi Savall y el peor amante del mundo

Foto: Iván Soca

Foto: Iván Soca

Bueno, sí, está bien: no había escuchado hablar de Jordi Savall en mi puñetera vida. Es decir… ¿para qué sirve la música que hace ese tipo, qué coño es un viologambista?
De hecho, nunca había escuchado hablar de la viola de gamba. Aunque lo pretendí, porque durante el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, mucha gente de esta ciudad calurosa, nada lánguida, caribeña, se convierte en experta en música culta, clásica, de concierto o como quiera carajos que se llame eso. Pero en realidad, y aunque a nivel sensorial la disfruto como pocas cosas, incluso los cubanos que se dedican a eso me parecen seres raros, de otro planeta.
O sea… ¿cómo carajo se puede ser de este país, mirarle las nalgas a un jean bajando por Prado y luego dedicarse a interpretar Rachmaninov al piano? Por ende, más raro me parece un español que se dedica a tocar la viola de gamba. ¡Viola de gamba! ¡Qué coño es una viola de gamba!

Pero bueno, me fui para el concierto de Jordi Savall, con deseos, porque lo bueno es bueno de donde venga (incluso si es hecho aquí) y… ¡por Dios! Pensé que después de ese día podría explicar qué era ese instrumento, pero no, no puedo.
Se ve como un violonchelo, pero suena a todo: a violín contradictoriamente, curiosamente a guitarra, increíblemente a piano, perturbadoramente a arpa.
Y uno esuchaba a Savall y pensaba que aquel hombre vivía en una cueva, que no era posible hacer esas cosas en el siglo XXI. Eso era: un instrumentista en una gruta al que llevaban con los ojos vendados y los oídos taponeados a las salas de concierto.
Lo único raro es que el concierto fue en una iglesia. Un poco irónico de sentar en una templo católico a un tipo que toca como un demonio.
Sentí una envidia del carajo, pero pensé en las nalgas del jean bajando por Prado y pensé que el muy viologambista sería incapaz de decir algo con la contundencia necesaria para quitar el jean.
Al terminar el concierto, una de las amigas que fue conmigo (de esas amigas que sabe como llevar sus nalgas bajo un jean) me agarró duro del brazo y me dijo “yo quiero que me toquen así, que me saquen esos sonidos”.
¡Qué cabrón el Jordi Savall! Me sentí el peor amante del mundo.

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4 respuestas a Jordi Savall y el peor amante del mundo

  1. Dayana dijo:

    Gracias a ti también descubrí a Savall y salí de su encuentro sintiéndome en otro mundo; hasta que un vaso de agua fría me devolvió a la realidad de La Habana pestilente y oscura, incluso en la calle Lamparilla. Piénsatelo, con todo y cobardía, con todo y valor, todas somos una sinfonía, solo debes (des)ordenar las cuerdas…

  2. GENIAL Jordi Savall!!! Intercaló las cuerdas a su antojo y siempre logró sacar esas voces humanas que hay en los instrumentos para dejarnos a todos desnudos en ese templo. Qué manera de tocar(me-nos). Por momentos me adormecía, como si me acariciara, y luego me despertaba con ternura y me retorcía en mi asiento. !Qué deseos tuve de ser esa viola de gamba!
    PD: Tengo el audio del concierto. Creo que es una buena música para que jueguen con tu pelo 😉

  3. Dariana dijo:

    Lo más emocionante del concierto es justamente el momento donde lo dedica a Monserrat, su esposa fallecida justo este año… la única soprano capaz de acompañar semejante sonido…

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