Confesión con muchos sustantivos, adjetivos y adverbios

palabra4bConfieso que he querido, y he querido irrenunciablemente, irreductiblemente, incalculablemente.

He querido con la furia de los tiranos, con la intransigencia de los desiertos, con la febrilidad de los colibríes. He querido, ante todo, a una mujer-ciudad-corriente y a un país-Patria-escafandra.

¡Tan reconfortante es el amor, y tan inútil!

He querido a un país-promesa y he encendido el verbo para llamarlo, porque no he entendido que las promesas se tratan con paciencia intempestiva y no con furia febrilidad e intransigencia. Y no ha sido falta de confianza en quien promete, sino anhelo impostergable e inexistencia de otra herramienta-arma.

He querido a una mujer-muralla y he desplegado tácticamente el verbo a sus afueras para cruzarla, porque no he entendido que las murallas ya no se derrumban, sino que se cruzan con caros pasaportes y visados. He sido un viejo guerrero con armas viejas que no entiende que las catapultas que antes hacían languidecer las piedras no sirven para comprar metros cuadrados en el centro.

Confieso que me gustan las utopías, pero no creo en ellas. He visto a otros, a pocos metros, viviendo el país que he querido tanto, de la mano de la mujer que tanto he querido.
Lo que no ha cambiado en todos mis anhelos es el método-herramienta-arma. Es por la inutilidad del verbo que he querido en vano.

He querido un país, pero el verbo no convierte el fango en carreteras ni a los ríos en platos rebosantes. De nada sirve a un país, hoy en día, un poeta.

He querido a una mujer, pero el verbo no convierte una mirada en un orgasmo ni un beso en una cama compartida. ¿Para qué quiere una mujer a un poeta en estos tiempos?

El verbo solo sirve para imaginar las carreteras y los platos, y los orgasmos y la cama compartida. Puede, incluso, imaginar carreteras tan anchas que desborden la mente de quienes prometen y platos tan suculentos que los abochornen. El verbo es capaz de describir orgasmos que ninguna mujer ha sentido y camas en las que descanse hasta el más insome guerrero.

Confieso que he querido, y he querido a un país y a una mujer. Y confienso además, que ese país y esa mujer se los debo al verbo, y es el verbo quien me ha hecho quererles irrenunciable, irreductible e incalculablemente.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Confesión con muchos sustantivos, adjetivos y adverbios

  1. un amigo dijo:

    Esto está mortalmente bueno. Ahh creo que debe ser insomne guerrero, un abrazo colega.

  2. Lissy dijo:

    Escribo, por segunda vez, para decir que te leo. Me encanta con todas las letras y los riesgos que estas dos palabras implican. A tu servicio, siempre y cuando regales estas letras, así me tienes.
    Gracias

  3. AE dijo:

    Ineludiblemente, rotundo, definitivo, exquisito, genial, a lo cubano: lo más grande!

  4. yeny dijo:

    gracias por existir

  5. Gia dijo:

    Sensacional…podría decirte para qué quiere una mujer a un poeta en estos tiempos!!!!

  6. Yisell Vargas dijo:

    También yo podría decirte pero ya te han dicho…una mujer necesita a un poeta para vivir,para arriesgarse al todo por el todo, para correr sin límites de carreteras, para disfrutar dl plato servido en la mesa (q + da su contenido), para compartir la cama, para tener orgasmos…Somos más las mujeres en busca dl poeta de las q puedes imaginar…a veces siento q los q faltan son los poetas.
    Ah…y pudo haberse llamado “Confieso que he querido”…jeje..ya sabes…yo y mis intertextualidades…jeje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s