El mago, la chistera y el periodismo cubano en 2014

La amiga y profesora Elaine Rodríguez me ha hecho una pregunta casi imposible de responder. “¿Cómo te imaginas el periodismo cubano en 2014?”, es el final del último mensaje que me mandó por Facebook.
Su idea es hacer un mashup sobre predicciones para el periodismo de la Isla en 2014 y para ello, planteó la interrogante a profesionales del gremio que se desarrollan en distintas áreas (periodistas, directivos, blogueros, usuarios de redes sociales, académicos, editores, fotógrafos, diseñadores, programadores, etc.).
No conozco el número de personas a las que envió la pregunta, pero me siento halagado: por el prestigio de Elaine en nuestro mundillo y por su decisión de incluirme a pesar de que no concordamos del todo en nuestro modo de ver y abordar la profesión.
Respondo entonces, tratando de estar a la altura y de complacer a alguien por quien no me dejo de sentir evaluado.
Hacer predicciones en Cuba es bastante complicado. El panorama político del país no se parece a la meteorología, donde se evalúan tendencias, se ven formarse los fenómenos y se les siente venir desde días antes.
No, la política aquí es mucho más similar a la sismología: usted puede tener expertos expertísimos, centros de investigación que recontrainvestigan, y dirigentes y directivos cabezones que se la pasan dándose cabezazos entre ellos; pero no puede decir cuándo será el terremoto (por tímidos que sean nuestros movimientos telúricos en materia de política).
Pero bueno, vayamos al pasado reciente para avanzar hacia el 2014. ¿Qué ha pasado en los últimos tiempos?
Bueno, en primer lugar, el presidente Raúl Castro no se cansa de decir que la prensa en Cuba tiene que cambiar radicalmente (aunque la falta de cambios reales en el sector ya nos tiene un poco cansados).
En segundo lugar (y termino de enumerar aquí para no maltratar demasiado el estilo), se realizó el IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba en el que todo el mundo dijo, como es costumbre, lo que le vino en gana (bueno, regular o malo).
Se cambiaron figuras apostólicas (o eternamente impías, según el criterio del lector) como el presidente de la UPEC, Tubal Páez (por Antonio Moltó), el director de Granma, el diario del Partido, Lázaro Barredo y el del diario de la juventud comunista, Pelayo Terry (aunque fuera a ocupar la silla en Granma, al estilo de lo que solía suceder en esas organizaciones años atrás, cuando los dirigentes de la UJC crecían y se convertían en dirigentes del PCC).
Otras cosas han sucedido. Se sabe que el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel se reúne periódicamente con varios expertos expertísimos, con cabezones de los que se dan cabezasos, y otras importantes figuras del gremio para analizar sus problemas.
En todas las redacciones se comenta que se va a subir el salario a los periodistas y que habrá una ley de medios (o de comunicación, o de prensa, según el chisme que usted haya escuchado), pero oficialmente no se ha dicho demasiado.
La política informativa, sin embargo, ha hecho poco menos que distenderse. Con todo lo que ha pasado en Cuba en 2013, es vergonzoso (y lo digo desde la vergüenza propia) que en ningún medio oficial se haya hecho más que leer los comunicados lanzados por la borda. Sobre todos cuando los periodistas de esos medios demostramos nuestras inconformidades o reservas con medidas tan impopulares como el cierre abrupto de los cines 3D, las salas de juego y las tiendas de ropa particulares, o los flamantes precios de los automóviles (como si de príncipes árabes en lugar de cubanos de a pie se tratara).
Se puede mencionar como avance el espacio Cuba Dice del Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Como intención es bueno, no obstante, deja un tufillo insoportable a revisión de asesores que asesoran y que convierten lo que pudiera ser trabajo serio, muchas veces, en una longaniza insípida de opiniones gritonas de la gente, como si los periodistas no fueran lo suficientemente inteligentes como para presionar, agitar y exponer criterios más alla de la obviedad. ¡Ah, ni mencionar que quienes hacen la crítica fría lo hacen solo al abrigo del poder! En Cuba hay que tener carné de criticón.
Todo lo anterior, Elaine, podría significar para algunos que la prensa en Cuba tomará un rumbo en los próximos tiempos hacia un trabajo, digamos, lógico. Bueno, eso para algunos.
Yo, por mi parte, creo que el cambio definitivo no se va a dar por sustituir a tal director, realizar no se qué taller creativo o pintar la pared de alguna redacción. Tampoco creo que tenga demasiado que ver con el salario: un mejor sueldo, de seguro, incrementaría la cantidad de periodismo, no su calidad.
Pienso, como alumno de Julio García Luis que soy, que hasta que no cambie la forma en que se se subordina la prensa cubana a los sectores de poder, nada cambiará, al menos esencialmente, en el periodismo nuestro.
Opino que el Partido debe cumplir, de hecho, la función de apoyar y asesosar a la prensa, no de rectorearla como si nuestros medios fueran manuales de intrucción politica. Creo en el rol del Partido, pero creo también en el know how de los profesionales de la prensa, en ofrecer todas las aristas de un problema para luego poder reforzar una idea con toda la conciencia política de quien escribe desde un medio estatal. De lo contrario, el pueblo que lleva cincuenta y cinco años asistiendo gratuitamente a la universidad nota que se le esconde la bola y cierra la página en el titular.
Elaine, la relación entre la prensa y los círculos de poder en Cuba debe avanzar más a parecerse un matrimonio con igualdad de género en detrimento del actual convenio patriarcal, en el que todo el mundo sabe quién es el padre.

Una relación en la que cada una de las partes se cuide de tomar decisiones barbáricas o de emitir criterios infundados porque sabe que el otro lo mira desde su posición de igual. No pienso que que sea bueno para nadie el actual estado de cosas, en el que el padre  ordena, el hijo cumple, el padre se equivoca y el hijo recibe un coscorrón si se le ocurre hablar de error.

Mucho cambiará cuando los directores de medios y los perioidistas no teman una reprimenda por llamar las cosas por su nombre, y ese temor no se elimina solo con discursos o cambiando decisores, sino creando el marco jurídico y el ambiente institucional que blinde la posición de aquel que lo único que quiere es hacer bien su trabajo.

Eso es lo que creo que tiene que suceder. Ahora, si es lo que sucederá, son otros cinco pesos. Tal vez, mañana mismo (ojalá) me tenga que morder la lengua pues ya, en este momento, se retocan los últimos detalles para arreglar la prensa en Cuba de un plumazo. Eso, Elaine, no lo sabe nadie. Solo el mago que mete la mano en la chistera puede determinar si sacará una paloma blanca o un gato negro.

Quizás, lo primero que debe cambiar es eso: el mago ha de cambiar el truco y volverse trapecista o malabarista para que el asombro dependa de la destreza pública y no del secreto y el misterio que llegan al escenario después de que se ha preparado el acto de modo oculto tras bambalinas.

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2 respuestas a El mago, la chistera y el periodismo cubano en 2014

  1. razonesabril dijo:

    Mejor ni comento… dejo q otros lo hagan, pero ojalá para bien d la credibilidad de nuestra prensa cambie el periodismo cubano en el 2014 😉

  2. M. B. S. dijo:

    Me encantó el final :), jejeje.

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